¿Cómo manejar una rabieta de tu pequeño en público?

Consejos para manejar una rabieta de tu pequeño en público

Los niños pequeños son puramente emocionales, y además, carecen de herramientas para regularse y habilidades sociales para comportarse según el contexto y espacio en el que estén. Por ello, es frecuente que tengan estallidos emocionales o rabietas como parte de su desarrollo normal, y es necesario que los padres sepamos acompañarlos en esos momentos.

Consejos para manejar una rabieta de tu pequeño en público

Pero hay algo que debemos admitir papás, en ocasiones las rabietas de los niños también nos descontrolan a los adultos, especialmente cuando suceden en público y sentimos las miradas de la gente clavadas en nosotros.

¿Cómo mantener la calma y atender las necesidades de nuestro hijo sin ceder a la presión de las miradas, los juicios o el miedo al “qué dirán”?

Cuando nos dejamos llevar por el qué dirán, nos alejamos de las necesidades de nuestro hijo. Educar a un hijo es una carrera de fondo que empieza en el momento en el que nacen. Los padres tratamos de hacerlo lo mejor que podemos o sabemos, equivocándonos a veces y acertando en muchas otras, pero siempre actuando movidos por el amor.

En este sentido, las rabietas o estallidos emocionales de los niños en un espacio público es una de las situaciones más comunes (y estresantes) a las que solemos enfrentarnos como papás.

¿Cómo manejar una situación que ya de por sí puede alterarnos, cuando sentimos las miradas de otras personas que esperan curiosas nuestra reacción?

Céntrate en tu hijo

En primer lugar, es importante centrarnos única y exclusivamente en el niño y en las necesidades que demanda en ese momento. Si nos abstraemos de todos y nos olvidamos del “qué dirán”, seremos capaces de mirar a nuestro hijo con conexión, averiguar qué se esconde debajo de su conducta y acompañarlo y responder como necesita.

Por el contrario, si nos dejamos influir por el entorno o la vergüenza social corremos el riesgo de actuar pensando en los demás y no en nuestro hijo, y todo nuestro afán será callarlo para que no moleste, para que dejen de mirarnos, para no sentirnos juzgados, etc.

En este sentido podríamos acabar recurriendo a los chantajes (“si te callas, te compro un caramelo”), amenazas y castigos (“si no te callas, ya no vas a ir al parque”), consentir sin estar de acuerdo, o decir frases que minimicen, anulen o ridiculicen las emociones del niño.

No culpes ni a tu hijo ni a ti mismo

Es normal sentirnos desesperados cuando nuestros hijos también se desesperan (muy especialmente cuando lo hacen en un sitio público). Al fin y al cabo, la mayoría de nosotros no fuimos educados en emociones, por lo que carecemos de herramientas y habilidades que nos ayuden a enfocar estos momentos de forma positiva y respetuosa.

Ser conscientes de nuestras limitaciones y no culparnos si en ese momento no sabemos gestionar la situación como nos gustaría, nos ayuda a liberarnos de la carga mental y a valorar otras formas de actuar en un futuro.

Del mismo modo, tampoco debemos hacer responsable a nuestro hijo de los sentimientos que nos provoque su estallido emocional en público, pues solo nosotros somos responsables de sentir vergüenza, ira, frustración, rabia, enojo, etc. 

Apártate de la escena, si así lo necesitas

Para atender a nuestro hijo con conexión y respeto es necesario estar calmados. Hay papás y mamás a los que no les altera estar rodeados de gente o sentir las miradas de los demás escudriñando la escena, pero para quienes esta situación agrega aún más ansiedad, es recomendable apartarse.

No temas en coger a tu hijo en brazos y buscar un sitio más discreto donde puedan hablar y solucionar lo ocurrido. Lo mismo debemos hacer si estamos en un espacio público en donde los gritos puedan molestar a otras personas (por ejemplo, el centro comercial, un cine, una sala de espera, etc.).

No te avergüences: los niños se comportan como niños

Ten muy presente esto: los niños no entienden de normas sociales, protocolos ni comportamientos en público. No tienen un botón que nos permita modular sus actos según nos convenga a los adultos.

Porque la naturaleza de los niños pequeños es puramente emocional, y las rabietas forman parte de un desarrollo normal y sano. Somos los padres quienes con paciencia, amor y ejemplo debemos enseñarles a gestionar sus emociones y cumplir unos límites y normas que nos permitan vivir en “sociedad” de forma respetuosa.

Pide ayuda si la necesitas

En este sentido, seguro que más de una persona está dispuesta a echarte una mano si lo pides, no tanto en el sostén o acompañamiento emocional que tu hijo requiere (pues nadie será mejor que tú para ofrecérselo), sino en otras cuestiones que puedan facilitarte el difícil momento.

En muchas ocasiones, la excesiva importancia que le damos a las opiniones de otros y el cómo estas llegan a afectarnos y a condicionarnos, esconde un problema de autoestima y falta de confianza en nosotros mismos.

Aprender a conectar con nuestro interior y con nuestros hijos por encima del juicio externo nos hace libres, y nos permite actuar como consideramos que debemos hacerlo sin importarnos nada más.

Lee el artículo completo en Rabietas en público: cómo gestionar el momento de forma respetuosa y sin que te importe el “qué dirán”

Especial para Los Mejores Jardines
Por: Mariana Marroquín Ortiz
Equipo de redacción de Los Mejores Jardines
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